NO NOS MERECEMOS ESTO...

La adopción internacional de menores es un hecho que suele despertar la simpatía y sensibilidad de las buenas gentes. Somos miles los ciudadanos que hemos conseguido formar una familia, tras encontrar a nuestros hijos e hijas en países mas o menos lejanos. Se trata de países que están padeciendo las consecuencias de la globalización acelerada que les hunden en la pobreza y obliga a sus habitantes a desprenderse de sus hijos por falta de medios materiales para mantenerlos. Cientos de miles de personas que tenemos la inmensa fortuna de vivir en el primer mundo (una minoría integrada por el 20% de la población mundial), acudimos a dichos países para adoptar a nuestros hijos.

Hasta aquí, una descripción apresurada de la realidad. Pero como todas las realidades, esconde en un segundo plano, aspectos miserables aquí y allá. Los de allá (los países donde adoptamos) son materia para escribir varios libros. En cambio, los aspectos denunciables por miserables y que hacen saltar por los aires nuestros derechos civiles y que están sucediendo en España, hay que sacarlos a la luz cuanto antes y tomar decisiones radicales para solucionarlos.

La administración del Estado, y más concretamente el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, así como algunas comunidades autónomas como por ejemplo la de Madrid, no están preparadas para ofrecernos el trato que merecemos y el libre acceso a la información, derecho que deben garantizar las administraciones públicas a todos los ciudadanos.

La Comunidad Autónoma de Madrid, y mas concretamente el Instituto Madrileño del Menor y la Familia (del cual dependen por ley las adopciones internacionales) no está dotado ni de los medios humanos y materiales necesarios y suficientes, ni sus máximos responsables en el apartado de adopción internacional, están debidamente formados y sensibilizados como para manejar con criterio, acierto y sensibilidad una materia tan delicada. Voy a poner ejemplos: no están garantizando el libre acceso a la información de todos los países en los que un ciudadano puede adoptar a un menor. Con estúpidas excusas basadas en el prejuicio y el desconocimiento, se hurta la información necesaria para adoptar en Ucrania y en otros países que no son del agrado de los responsables políticos y técnicos (¿?). Ucrania, al no admitir la intermediación de esas entidades tan “peculiares” que llaman Ecais (Entidad Colaboradora de Adopción Internacional), no es del agrado de los jefes y de algún que otro funcionario tan irresponsable como sus superiores que, además de no cumplir con sus obligaciones, hurtan y a veces engañan a los que quieren adoptar allí. Pero hay más. Inexplicablemente, desde mediados del año pasado, algunos expedientes están siendo tramitados con una lentitud inadmisible. Curiosamente son expedientes cuyo destino es Ucrania. Mas de dos meses para simplemente enviar un cartapacio con doce o catorce documentos desde la C/ Gran Vía de Madrid hasta la sede del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Es decir, que media mañana pierden el tiempo y durante la otra media lo deben pasar a limpio. Si llamas por teléfono para ver que “hay de lo tuyo” lo mas probable es que encuentres una respuesta poco satisfactoria, esto es, tenemos mucho trabajo, y desde luego ninguna precisión sobre cuando van a tener a bien remitirlo al departamento correspondiente.

Seguimos la ruta de la desesperación y topamos con Asuntos Sociales, cuya tarea consiste en revisar el expediente, ¿otra vez?, si otra, y ponerlo en la valija diplomática para que llegue a la Embajada de España en Ucrania. Que curioso, pero de nuevo nos encontramos con esperas de hasta dos meses para que lo miren y lo envíen. Las familias llaman y preguntan y en el mejor de los casos (cuando alguien se digna a coger el teléfono) la respuesta que últimamente están encontrando es, no sabemos cuando podremos mirarlo, llame usted dentro de 15 días a ver si ha habido suerte.

Todo lo descrito hasta el momento está basado en hechos reales, que se están produciendo a día de hoy y de lo que muchas personas darían testimonio si no estuvieran atenazadas por el temor a que alguien pueda “perder” su expediente como por ejemplo está sucediendo en Andalucía.

Todas las familias que han llegado hasta esta encrucijada, han pasado previamente por una larga lista de trámites (inútiles y disuasorios en muchos casos) que incluyen la tristemente famosa, obtención del certificado de idoneidad. Lo de las entrevistas a las que nos someten psicólogos y trabajadores sociales, en unos casos funcionarios de las comunidades autónomas y en la mayoría, trabajadores privados adscritos al turno de intervención de sus respectivos colegios profesionales, es en algunos casos sangrante. Al margen de la privatización encubierta que supone el TIPAI, algunos de los que perpetran los informes, son auténticos bastardos que juzgan a las familias por el rasero de sus prejuicios, frustraciones sesgo ideológico, pasando olímpicamente de los protocolos de actuación. De manera totalmente arbitraria se cuestionan respuestas y actitudes de familias, por el simple hecho de no coincidir con su forma de entender la vida. Como te toque un fundamentalista, vas listo. Hay ya bastantes casos en los que han tenido que ser los tribunales los que refutaran la valoración técnica de algunos mal llamados profesionales.

Por cierto, una anécdota relativa a la mente enferma de alguno de ellos: han llegado a decir a una familia que, Amigos de Ucrania, la “ong” que tengo el honor de presidir y cuyos objetivos son paliar el déficit denunciado y ayudar a las familias en España con información veraz y útil y ayudar a los menores mas desfavorecidos de Ucrania (la tierra que nos ha dado a nuestros hijos), nuestra “ong” digo, les parece sospechosa por hacer lo que hace sin que nadie saque dinero por ello.

Esta anécdota me permite denunciar también la ineptitud de algunas administraciones públicas, Comunidad de Madrid, entre otras. Primero no facilitan información sobre Ucrania con lo que, además de vulnerar derechos, dan pie a que una panda de sinvergüenzas se aprovechen de la falta de información de las familias para, con la excusa de ofrecer servicios de traducción al ucraniano de expedientes, sangren a la gente con falsas promesas y por facilitar la información que nosotros ofrecemos gratuitamente a través de internet. En segundo término, conocen de sobra quienes son esos malnacidos y hasta la fecha, que se sepa, les han impuesto ridículas sanciones económicas. Para rematar la jugada, nosotros podemos estar bajo sospecha en el momento en que, con mayor conocimiento que cualquier jefecillo y / o funcionario que en toda su vida profesional no ha pisado Ucrania ni conoce sobre el terreno el proceso, decida que no le gusta lo que hacemos.

Ahora se habla mucho del disparate que preconizan algunas almas federalistas que quieren 17 Agencias Tributarias (una por Comunidad Autónoma). Pues bien, el gobierno que padecemos, sostiene el modelo a 17 en lo que respecta a adopción internacional y hace caso omiso a las recomendaciones que en su día hizo el Senado sobre la necesidad de crear un órgano de ámbito estatal que coordine todo este despropósito.

Y para concluir, otro hecho en relación con la adopción en Ucrania: a principios de enero entró en vigor la nueva ley de la familia y el menor en dicho país. Entre otras cosas ha supuesto un cambio en los requisitos del certificado médico que deben aportar los candidatos a la adopción. Supondrá el lector que con la diligencia propia de una España que dicen que va bien, las autoridades enseguida han informado de dichas novedades. Pues no. Ha tenido que ser Amigos de Ucrania la encargada de “negociar” un contenido aceptable para que los médicos españoles certifiquen en su caso, la buena salud de los candidatos.

No nos merecemos esto. Merecemos un trato de ciudadanos, no de súbditos. ¿Quién va a pagar estas facturas?. ¿Les vamos a pasar factura?. ¿Seguimos con la propaganda anestésica?. ¿Merece la pena el déficit cero?. ¿Políticos con responsabilidades de gobierno autonómico que han adoptado y populares varios y varias han padecido esta situación?. No, claro que no. En nombre de los que están a la espera, por favor, entren a saco.